febrero 20, 2005

Exiliado.

O como evitar los azotes.


Una de las preguntas que siempre me hacen sobre mi persona es la de como llegué a este
confín del mundo llamado El Salvador.

La historia es larga. Muy larga. Pero puede resumirse cuando desperte un buen dia
a las 3 de la tarde en un cuarto, solitario.

-Ya levantate.

Abro los ojos y descubro con horror que mi mundo se habia desmoronado y los escombros
caian sobre mi cuerpo lentamente. En silencio. Sin testigos. Solo. La nada. El silencio.
La muerte.

Abro la puerta de mi cuarto. Y me doy cuenta que la ciudad que tanto amé sigue igual,
pero que todos mis sueños de grandeza estaban muertos. No habia nada, ni carrera,
ni trabajo, ni nada. Ni ilusiones, ni ganas de vivir. La nada. Estaba quebrado
y no habia comido nada.

-Vengo por tí.Por tu bien, acompañame.

Me vestí y sali a la calle. Saqué mi pasaporte, mis boletos y por alguna razón empece a empacar.
No estaba seguro de nada. Solo sabia que lo mejor era irse y olvidarse de Oaxaca, del pasado
del dolor, del fracaso. De la muerte que rondaba cerca destruyendo mi mundo.

-Nos vamos a El Salvador. Te estan esperando.

Todo fue tan rápido que no lo podia creer.

Mi familia no podia creer que me iba. Ni mis amigos ni nadie. Ni yo mismo.

Iniciaba una aventura que aun no termina. Un camino para la redención de mis pecados. Un camino
de olvido. Pero también de muchas aventuras.

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